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lunes, 16 de marzo de 2015

Diario de un Científico I


Imagen sacada de: http://mark331.deviantart.com/

5 de Mayo de 1926,
Por fin hemos capturado al Pokémon 352, comúnmente conocido como Kecleon. Gracias a su habilidad Cambio Color, ha estado escondido dentro de nuestros laboratorios durante meses sin que nos diéramos cuenta. Fue esta mañana a las 10:37 cuando uno de los becarios se lo encontró husmeando en la cafetería. Por suerte, sabía más que nosotros a la hora de atrapar un pokémon y lo capturó fácilmente con una ultraball a las 10:43.
Datos del espécimen:
- Especie: Camaleónico
- Edad: Adulto.
- Altura: 105,2 cm. (Ligeramente más alto que la media.)
- Peso: 22,67 kg. (Peso igual a la media, tomando en cuenta su altura.)
- Género: Macho.
- Color: Verde pálido, (probablemente debido al color blanco de las paredes en las que estuvo escondido.)
- Grupo Huevo: Campo.

10 de Mayo del 1926,
El espécimen 352 ha vuelto a su color de piel original. Hemos empezado con los experimentos de inmediato, el pokémon se ha mostrado bastante colaborador aunque no parece gustarle la comida que le hemos preparado con carne de Caterpie, vamos a seguir investigando su alimentación.

18 de Mayo del 1926,
Ha pasado una semana y seguimos sin novedades.

20 de Mayo del 1926,
El espécimen 352 por fin ha empezado a comer. Hemos podido dejar de alimentarle con tubos. Parece que lo que le gusta son los pokémon de tipo bicho procedentes de Hoenn, cualquiera de ellos. En cuanto a otros experimentos hemos descubierto que sus escamas pueden copiar 4677 colores diferentes en el cuerpo. Seguimos investigando pues creemos que puede copiar muchos más colores. Finalmente también hemos conseguido saber la longitud de su lengua, y es que no es de una longitud exacta si no que la puede alargar y encoger a su gusto. La longitud más pequeña es de 10,4 cm y la más larga es de hasta 652,3 cm. Aun así pensamos que la longitud varía según el espécimen.

29 de Mayo del 1926,
El espécimen 352 ha huido. Nadie lo ha visto desde las 8:30 de la mañana. De todos modos el Pokemon ha dejado un claro rastro de sus huellas al pisar una sustancia corrosiva del laboratorio. Creemos que puede estar herido por lo que no llegará muy lejos.
Las huellas del espécimen desaparecen en el bosque. Nadie lo ha encontrado.

Fin del experimento.

18 de Junio del 1926,
Creíamos que el experimento había terminado, pero parece que el espécimen 352 ha vuelto al laboratorio tras un corto periodo. Es el mimo Kecleon pues sigue con la etiqueta que le pusimos. Esta vez le hemos puesto un localizador para que nuestros errores no nos hagan perderlo otra vez. Por otra parte, parece que el espécimen no sufrió ningún tipo de daño, ni interno ni superficial, por el contacto con el líquido corrosivo. Parece que sus escamas están preparadas para repeler todo tipo de sustancias extrañas al cuerpo. Esto es un gran avance en la investigación.

20 de Junio del 1926,
El espécimen 352 se ha vuelto agresivo tras ingerir un producto para pokémon de tipo dragón. Ha destrozado varios laboratorios con todos sus trabajos y ha habido varios heridos, el Pokémon ha vuelto a desaparecer y nadie sabe dónde está pues ha roto el localizador. Solo espero que-

sábado, 16 de agosto de 2014

El Bulbasaur Explorador I


Ese día estaba nublado, ya debería haber salido el sol hace un buen rato, pero parecía que no estaba dispuesto a salir, tal vez estaba triste, aún así, Bulbasaur decidió salir del gran árbol. Bulbasaur vivía junto a siete hermanos y cuatro hermanas. A algunos ya se les había abierto el bulbo de la espalda y tenían un capullo rosado, eso significaba que ya estaban preparados para alejarse cuanto quisieran de casa, aún así ninguno se atrevía a hacerlo solo. Cuanta envidia les tenía, Bulbasaur era el más pequeño de los hermanos, aún le quedaba mucho para florecer. Pero ya le encantaba salir a explorar ese bosque que les rodeaba, eso sí, sin que mamá se enterase.

Oyó un rugido, giró la cabeza con una sonrisa y allí estaba, tan grande y fuerte como siempre. Los Venusaur ya habían madurado del todo, la flor se les había abierto y olían maravillosamente, pero mamá era especial. A ella se le acercaban muchos pokémon de tipo bicho, más que a los demás, desde el Caterpie más tímido al Beedrill más feroz, a todos les encantaba su olor. Corrió hacia ella y le rozo el hocico con el suyo. Tenía hambre y ella traía la comida, sacó sus látigos y los usó para dejar en el suelo toda la comida que llevaba en la espalda, protegida con las hojas. Sintió como el suelo empezaba a temblar, por un momento se asustó de que fuera algún pokémon agresivo, incluso mamá se puso en alerta, y de repente, salieron todos sus hermanos del gran árbol, corriendo para ir a comer.

Bulbasaur sabía que si no se daba prisa se quedaría sin comer, era el más pequeño y sus hermanos sólo se preocupaban de poder comer tanto como les permitieran sus estómagos. Así que sacó sus látigos, agarró una cuantas bayas y se las llevó, lejos del gran árbol. Quería estar solo. Siempre se había sentido despreciado por sus hermanos, por ser el más pequeño y débil de todos. Además tenía ganas de explorar un poco. Había cogido tres bayas aranja y dos bayas frambu, aquellas últimas eran sus favoritas, con un toque picante y seco. Estaba comiendo tranquilamente, sentado en una roca cerca del río, el sonido del agua le reconfortaba. Sentía la suave brisa en la cara, cerró los ojos y disfrutó de la soledad, pasaron unos minutos hasta quedarse dormido, cuando un ruido hizo que se despertara, vio que algo se acercaba detrás de unos arbustos, una sombra enorme y terrorífica.

Alzó la vista, y allí estaba, con sus enormes cuernos, esa piel rojiza y unos ojos que parecían dos soles del medio día. Ya le había visto antes, mamá luchó con él una vez para proteger su casa. Era incluso más alto que mamá. Bulbasaur, aterrorizado. Caminó lentamente hacia atrás, sin apartar la vista de esa bestia. El Scolipede gritó de una manera que hizo que se sintiera indefenso, que le dolieran las orejas y supo que era el momento, huir o perecer a manos de eso. Estaba solo, sus hermanos estarían jugando cerca del gran árbol gigante y mamá. "Oh mamá" pensó, "cuanto lo siento, debería haberme quedado cerca, sabía que alejarse tanto de casa era peligroso, pero soy un explorador, no me gusta quedarme tanto
Ilustración propia
tiempo en un mismo sitio, necesito ver cosas nuevas de vez en cuando." Empezó a correr, por encima de las rocas de la orilla del río, el Scolipede era demasiado grande para correr por allí así que le llevaba ventaja. Bulbasaur podía ser débil, pero era ágil, más que sus hermanos, y esas rocas ya se las conocía. Había pasado por allí centenares de veces. Pese a eso, el Scolipede era veloz, demasiado veloz, le pisaba los talones y si intentaba meterse en el bosque estaría perdido. 

Bulbasaur estaba tan concentrado en huir que no se dio cuenta de la caída, intentó frenar pero resbaló con el moho de la piedra y cayó. Vio al Scolipede en el borde del precipicio, chillando. Cerró los ojos y siguió cayendo. Entonces un montón de agua le cubrió el cuerpo, abrió los ojos y estaba en el río, pero no podía respirar, así que intento nadar hacia el exterior, tenía la boca llena de agua, las orejas taponadas y sentía que no podía moverse. La vista se le empezaba a nublar, eso era su final, o eso pensaba porque sin que se diera cuenta estaba yendo hacia la superficie, algo le empujaba. Cuando por fin consiguió salir, se agarró a un tronco que había allí e intentó recuperar fuerzas, respiró hondo, pero en vez de eso vomitó agua. Cuando la hubo sacado toda respiró, miró en el agua, pero no había nada, ¿habría sido su imaginación? Finalmente, con las fuerzas que le quedaban salió del río y miró hacia arriba; "una cascada" pensó mientras observaba la larga caída, aunque mientras caía le había parecido mil veces más alta. 

Se tumbó en el suelo, aliviado pero agotado. Segundos después le empezó a rugir el estómago, y se dio cuenta del hambre que tenía. No se había comido todas las bayas, se había dormido antes de comerse las dos que le faltaban, sus favoritas, y entonces apareció esa bestia entre los matorrales. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al recordar esos ojos brillantes. Sin saber muy bien qué hacer, se dirigió hacia el bosque, pero estaba perdido. Ese bosque era totalmente diferente del que conocía. Era oscuro, los árboles eran altos y retorcidos, tenían unas hojas verdes y oscuras. Le parecía muy raro, en el bosque dónde vivía en aquella época las hojas eran del color del fuego, colores cálidos, y caían al suelo constantemente, y pese a sus colores significaba que se acercaba el frío, y la nieve. La única manera de volver era siguiendo el río hasta volver al lugar dónde estaban sus bayas, pero tenía que buscar la manera de subir por ese precipicio.